La lengua es un sistema de citas

Contents

  1. Borges y el cansancio de lo mismo
  2. Menú de navegación
  3. Servicios Personalizados
  4. "La lengua es un sistema de citas" (Borges)

Menos cerca de estas fantasías literarias, sigue a otro inglés, el filósofo George Berkeley -quien afirmaba que existir significa ser percibido, esse est percipi -, para criticar el tiempo que vive en la voz de Eudoro Acevedo. En conversación con "Alguien" le explica que "sólo lo publicado era verdadero.

Esse est percipi ser es retratado era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo". La otra alusión en latín de este relato corresponde a sub specie aeternitatis , que recoge la idea de Baruch Spinoza conforme a la cual estamos capacitados para percibir las cosas sub specie quadam aeternitatis bajo una cierta especie de eternidad. Por eso no es raro que, como Fernando Pessoa y su calle de los Doradores Pessoa, Biografía y ficción van entrelazando el desplazamiento del relator de esta utopía.

En Borges los tiempos son divergentes, convergentes y paralelos.


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Sus relatos, comenta Fuentes, son incomprensibles sin la inteligencia de una variedad de tiempos y espacios que revelan una diversidad de culturas. Por eso Borges, a través de Acevedo, es Hytlodeo, el relator de la utopía de Moro. Es, también, el espacio de lo ambiguo. Por momentos, el texto parece describir una utopía: Pero esa ficción también alcanza la distopía de la uniformidad: En esa ambivalencia, en ese doble mundo de posible imagen del futuro y a la vez de advertencia se confunde el visitante y el huésped. Sin olvidar el tono satírico, el mismo empleado por Moro en su u-topía, el narrador va jugando con el espejo de las personalidades.

El huésped no se incomoda con el "viaje espacial" del visitante, ni el visitante parece sorprendido por su presencia en ese universo, a sólo un día de distancia. Alguien sabe que estas visitas "no duran mucho" y "ocurren de siglo en siglo". El viaje no es el secreto. Como en las novelas de Wells u Orwell, asistimos en esta utopía a una pérdida de la individuación y espontaneidad. Las reglas dictadas se han internalizado y se considera un campo de concentración como un paraíso terrenal, porque ya no tiene contradicciones.

Se exaltan las cualidades colectivas ante la edificación de un poder omnisciente, autoritario y coercitivo. Así, Fernando Aínsa En casi todas las utopías, el orden, el Estado o el poder suprime las manifestaciones del individualismo. En la utopía se arriba a un estado de detención, de domesticación.

Lo utópico emerge como la abolición de la historia y la contingencia, de aquello genuinamente humano. La nivelación juega a favor de un individuo anónimo y modelado sobre la base de patrones generales. No se levantan efigies a los muertos ni tampoco la muerte es atroz. La sentencia de Octavio Paz de que el hombre inventó las eternidades y los futuros para escapar de la muerte es puesta en duda.

Borges, en este relato, enfrenta al hombre del porvenir al suicidio. La muerte es una cita. Eudoro también lo percibe. Fernando Pessoa concibe que "la muerte es una liberación porque morir es no necesitar al otro Por eso ennoblece la muerte, viste de galas desconocidas al pobre cuerpo absurdo Pessoa, Es cierto, el hombre del porvenir ni tiene miedo ni necesita a los otros para ese acto solitario que es morir.


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  • Su proposición de una posible imagen el futuro cifra la esperanza que plantea Ernst Bloch, pero nos parece decir, en el mismo tono satírico de Moro, que se trata de una utopía donde el tiempo infinito no es suficiente para cambiar el rostro severo de los seres humanos. El hombre que imagina el futuro asiste a la destrucción de las cualidades. En este proceso de desintegración del yo, nadie y todos son el mismo "Alguien". Si cualquiera puede ser "su propio Bernard Shaw, su propio Jesucristo y su propio Arquímedes" nada vale ser alguien distinto. Como en otros textos del autor de El Aleph , la infinita variedad se ha fundido en un solo hecho que es agrandado hasta abarcar el universo Barrenechea, Así, la vida de un hombre, sus percepciones y sus recuerdos se reducen a uno solo, a ese "Alguien".

    Estas refutaciones del tiempo, del individuo, del cosmos, encierran por cierto una desolada angustia. La desilusión de que incluso en esa imagen del porvenir no es posible el mundo feliz, ni siquiera en utopía, ese lugar que no existe. Ante la promesa, la esperanza, se antepone lo irremediable; no el terror a la finitud, sino a la monotonía, al cansancio que llega también a ensombrecer el arte, incapaz de liberar del tedio, de la angustia de los días. Se entiende entonces el sentimiento que el mismo Borges confiesa de este relato: Borges escribe una distopía porque anticipa algo posible: La uniformidad, el aislamiento y el sin sentido de la vida.

    En un mundo donde ya no pasa nada, la vida es sublime, pero aburrida. En esta sociedad perfecta, de seguridad, abundancia y paz, reina el tedio, la monotonía. Lo espantoso de los proyectos utópicos es que los hombres pierden su identidad, quedan reducidos a las funciones que desempeñan en el Estado, enfatiza Rita Falke Por eso el cansancio es doble, del narrador respecto del mundo actual y del hombre del porvenir respecto de su vida en ese futuro.

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    Borges y el cansancio de lo mismo

    En el porvenir, la materia incoherente de los seres humanos luce su cansancio. Es una sociedad de habitantes aislados. El aburrimiento ha llegado a la dimensión individual e histórica. El lenguaje es un sistema de citas, lo que supone que la abundancia de información ha saturado la capacidad de la comunicación humana y ha "vaciado de vitalidad el lenguaje, que, como tal, ha muerto, pues ya no es un sistema de símbolos compartidos ni una tradición histórica" Pinedo, cica. En esa llanura de los días, de la historia, no se agita el azar ni la promesa de lo otro, tampoco el amor.

    Es la arena del relato y del libro, sin principio ni final.

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    La mesa, por alguna razón, me extrañó. El hombre me indicó una de las sillas. Ensayé diversos idiomas y no nos entendimos. Cuando él habló lo hizo en latín. Hay quienes temen que vuelva a degenerar en francés, en lemosín o en papiamento, pero el riesgo no es inmediato. No dije nada y agregó: Comprendí que advertía mi zozobra y dije que sí.

    Atravesamos un corredor con puertas laterales, que daba a una pequeña cocina en la que todo era de metal. Volvimos con la cena en una bandeja: Creo que no había pan.

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    Los rasgos de mi anfitrión eran agudos y tenía algo singular en los ojos. No gesticulaba al hablar. Me trababa la obligación del latín, pero finalmente le dije: La certidumbre de su voz me bastó. Nací en , en la ciudad de Buenos Aires. He cumplido ya setenta años. Pero no hablemos de hechos.

    "La lengua es un sistema de citas" (Borges)

    Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien.

    En una de las paredes vi un anaquel. Abrí un volumen al azar; las letras eran claras e indescifrables y trazadas a mano. Instintivamente miré los largos y finos dedos del hombre. No sin fatuidad repliqué: Leí en voz alta el título. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios. Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos.

    Parece que les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi ser es ser retratado era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo. En el ayer que me tocó, la gente era ingenua; creía que una mercadería era buena porque así lo afirmaba y lo repetía su propio fabricante.


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    • También eran frecuentes los robos, aunque nadie ignoraba que la posesión de dinero no da mayor felicidad ni mayor quietud. Cada cual ejerce un oficio. Pareció no entender y prosiguió.

      A juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido mucho. Ya que no hay posesiones, no hay herencias. Ya ha engendrado un hijo. No conviene fomentar el género humano. Hay quienes piensan que es un órgano de la divinidad para tener conciencia del universo, pero nadie sabe con certidumbre si hay tal divinidad. Pero volvamos a lo nuestro.

      Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan. Cuando quiere se mata. Dueño el hombre de su vida, lo es también de su muerte.